Tormentas como la de 1993 serán aún más fuertes por el cambio climático: estudio

El cambio climático ha intensificado las tormentas “nor’easters”, haciéndolas más destructivas a pesar de ser menos frecuentes, revela un nuevo estudio científico.

Tormenta

Tormentas como la histórica “Tormenta del Siglo” de 1993 o el “Snowmageddon” de 2010 podrían volverse más destructivas en el futuro cercano, según un nuevo estudio publicado por el climatólogo Michael Mann y su equipo en Proceedings of the National Academy of Sciences. La investigación señala que, aunque el calentamiento global reducirá el número de estas tormentas, aumentará considerablemente su intensidad.

Los llamados “nor’easters”, fenómenos climáticos que azotan la costa este de Estados Unidos entre septiembre y abril, se forman a partir del contraste de temperatura entre el aire frío del Ártico y el aire cálido y húmedo del Atlántico. Estos eventos pueden provocar fuertes vientos, lluvias torrenciales, inundaciones severas y nevadas históricas, afectando a ciudades densamente pobladas como Nueva York, Filadelfia o Boston.

El análisis de más de 900 tormentas entre 1940 y 2025 muestra un aumento del 6 % en la velocidad máxima del viento en los eventos más intensos. Aunque el porcentaje parece modesto, equivale a un incremento del 20 % en el potencial destructivo de una tormenta, explicó Mann. Además, las precipitaciones —ya sea en forma de lluvia o nieve— han aumentado en un 10 %, lo que se traduce en mayores riesgos de inundaciones y colapsos estructurales.

La explicación, dice Mann, se basa en la física básica: océanos y atmósfera más cálidos generan más evaporación, lo que introduce más humedad en el aire y deriva en tormentas más poderosas. La devastación que han causado tormentas pasadas —como la del Miércoles de Ceniza de 1962, que provocó daños comparables a los de un gran huracán— es un ejemplo de lo que podría repetirse con más fuerza.

Los resultados también sugieren que el riesgo de inundaciones está subestimado en muchas ciudades costeras del noreste de EE.UU., debido a la falta de estudios específicos sobre estas tormentas. “Han sido descuidadas, y eso ha contribuido a que no tomemos en cuenta adecuadamente el riesgo costero”, añadió Mann.

Otros expertos, como Jennifer Francis, del Woodwell Climate Research Center, y Judah Cohen, del MIT, coincidieron en que los hallazgos son alarmantes. Francis subrayó que la preparación proactiva es clave para evitar pérdidas mayores, mientras que Cohen apuntó que estos efectos son contraintuitivos, pues ocurren a pesar del calentamiento global general y la reducción de la temporada de nieve.

Incluso si los inviernos se acortan y las nevadas sean menos frecuentes, los eventos extremos serán más intensos, advirtió Mann. Por eso, insiste, es fundamental que las autoridades y la población estén preparados para tormentas más severas, en un contexto donde el cambio climático no solo trae calor, sino también frío extremo y fenómenos invernales mortales.

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