Trump enfrenta presión económica y política mientras se agota el plazo para negociar acuerdos comerciales antes del retorno de aranceles que podrían agravar la recesión.

El presidente Donald Trump, quien se autodefine como un hábil negociador, ha venido asegurando en repetidas semanas que un acuerdo comercial importante con alguno de los múltiples países con los que Estados Unidos mantiene negociaciones está a punto de concretarse. No obstante, hasta ahora no se ha anunciado ningún pacto tangible, y el tiempo para evitar el restablecimiento de aranceles punitivos se está agotando rápidamente.
Durante un viaje reciente en el Air Force One, Trump repitió que podrían anunciarse acuerdos comerciales esta semana, tal como lo ha mencionado en otras ocasiones. Sin embargo, también ha bajado las expectativas al reiterar que los términos deben beneficiar a Estados Unidos y que la decisión final dependerá exclusivamente de él. En sus palabras, no es indispensable firmar un gran acuerdo, sino establecer condiciones que él considere adecuadas para los intereses del país.
Pese a que se ha mencionado que India, Japón y Corea del Sur son los más cercanos a un posible pacto, lo cierto es que las semanas avanzan sin resultados concretos. Esta demora alimenta la incertidumbre sobre las consecuencias económicas de una política comercial agresiva que ya ha comenzado a impactar. El más reciente reporte del PIB estadounidense reveló la primera contracción desde inicios de 2022, en parte debido al acopio anticipado de productos por temor a nuevos aranceles.
Uno de los principales focos de preocupación es China. La guerra comercial ha alcanzado niveles críticos, con aranceles que superan el 145 % para importaciones chinas y una represalia del 125 % sobre productos estadounidenses, lo que prácticamente ha paralizado el intercambio comercial entre ambas economías. Las consecuencias comienzan a sentirse en la cadena de suministro, con advertencias sobre una inminente escasez de productos y alza de precios, muy similar a lo vivido durante la pandemia.
Aunque Trump sostiene que ha cerrado hasta 200 acuerdos, expertos aclaran que incluso los compromisos que lleguen a firmarse serían más bien memorandos de entendimiento, sin impacto económico inmediato. Esto se debe a que la suspensión arancelaria actual, que entró en vigor el 9 de abril, solo tiene una vigencia de 90 días. El plazo concluye el 8 de julio, y Trump ya adelantó que no lo extenderá. De no haber avances antes de esa fecha, podrían restablecerse aranceles de hasta 50 % a decenas de países, intensificando la tensión global.
Analistas como Jacob Jensen del American Action Forum señalan que negociar tantos acuerdos en tan poco tiempo es casi imposible, y que los pactos verbales o provisionales no ofrecen garantías a largo plazo. Aún si Trump concretara acuerdos con todos los países en negociación, eso no asegura su permanencia, dada su histórica tendencia a romper tratados previos, como ocurrió con el T-MEC durante su primer mandato.
Respecto a China, el reto es aún mayor. El comercio bilateral prácticamente se ha detenido, y se estima que las importaciones desde China caerán hasta un 80 % en la segunda mitad del año. Según JPMorgan y empresas de logística como Flexport, los flujos de mercancías ya muestran una reducción dramática. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha calificado de “insostenible” el nivel actual de aranceles, pero también ha advertido que un retorno a la normalidad comercial podría tomar entre dos y tres años.
A pesar de este panorama adverso, algunas señales recientes sugieren una posible apertura. China ha indicado que evalúa las propuestas de EE.UU. para iniciar conversaciones, un leve cambio en su postura. Trump también ha reconocido que eventualmente deberá reducir los aranceles para facilitar los negocios, aunque aún no hay acciones concretas al respecto.
Mientras tanto, el reloj avanza y la presión económica, política y diplomática crece. Sin acuerdos comerciales firmes y sostenibles, el gobierno de Trump enfrenta no solo una posible recesión interna, sino también un creciente aislamiento internacional en un momento crucial.