¿Duermes lo suficiente? 3 enfermedades graves por falta de higiene del sueño

La mala higiene del sueño puede provocar enfermedades como Alzheimer, depresión y ansiedad; especialistas advierten que dormir bien es esencial para la salud física y mental.

Mala higiene del sueño aumenta riesgo de Alzheimer, depresión y ansiedad.

Mantener una adecuada higiene del sueño es fundamental para preservar la salud física, cognitiva y emocional. Sin embargo, la falta de descanso adecuado puede derivar en enfermedades mentales y neurológicas, advirtió la especialista Perla Leal Galicia, del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana.

De acuerdo con la experta, no basta con dormir, sino que es necesario hacerlo durante el tiempo suficiente y atravesando correctamente todas las fases del sueño. En ese sentido, subrayó que no es posible compensar la falta de descanso en días posteriores.

“Lo que no se reparó hoy no se va a reparar mañana, y eso, en términos de salud mental, es gravísimo”, explicó la académica, al advertir que la privación del sueño genera efectos acumulativos que pueden afectar seriamente el organismo.

Entre las principales enfermedades asociadas a una mala higiene del sueño se encuentra el Alzheimer, un padecimiento neurodegenerativo caracterizado por la pérdida progresiva de células cerebrales y conexiones neuronales. Según detalló la especialista, este proceso ocurre en cadena, afectando gradualmente diversas funciones cognitivas.

Asimismo, la falta de sueño adecuado está vinculada con trastornos mentales como la depresión y la ansiedad. En el caso de la depresión, el sueño puede verse alterado tanto por exceso como por dificultad para dormir, mientras que en los cuadros de ansiedad se genera un ciclo en el que el mal descanso intensifica los síntomas, agravando el problema.

La especialista explicó que el sueño se compone de dos grandes etapas: el sueño no REM y el REM, los cuales se alternan en ciclos de aproximadamente 90 minutos durante la noche. Dentro del sueño no REM se identifican tres fases.

La primera fase, conocida como N1, es un estado ligero en el que el cuerpo comienza a relajarse y la actividad cerebral disminuye. En la fase N2, se estabilizan la temperatura corporal y el ritmo cardiaco, mientras el cerebro inicia procesos de consolidación de información.

La fase N3 corresponde al sueño profundo, considerado el más importante para la recuperación física, ya que en este periodo se reparan tejidos, se fortalece el sistema inmunológico y se libera la hormona del crecimiento.

Posteriormente, se presenta la fase REM, en la que el cerebro muestra una alta actividad. En esta etapa ocurren la mayoría de los sueños y se consolidan procesos esenciales como la memoria, el aprendizaje y la regulación emocional.

El equilibrio entre todas estas fases es indispensable para que el organismo se recupere adecuadamente y el cerebro procese la información adquirida durante el día.

Para mejorar la calidad del descanso, la especialista recomendó adoptar hábitos que favorezcan una adecuada higiene del sueño. Entre ellos se encuentran reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, debido a que la luz emitida por pantallas estimula el cerebro y dificulta la conciliación del sueño.

También se aconseja establecer horarios regulares para acostarse y despertarse, incluso durante fines de semana, así como evitar la contaminación lumínica y mantener la habitación en oscuridad. Disminuir los estímulos auditivos y organizar pendientes antes de dormir son otras estrategias que pueden contribuir a un mejor descanso.

Por otro lado, la especialista advirtió sobre los riesgos de la automedicación. Consumir fármacos sin supervisión profesional puede generar dependencia y provocar alteraciones en el funcionamiento cerebral. Ante problemas persistentes para dormir, recomendó acudir con un especialista que oriente sobre el tratamiento adecuado.

Finalmente, destacó que antes de recurrir a medicamentos, pueden implementarse alternativas como ejercicios de relajación o el consumo de infusiones naturales, siempre bajo orientación adecuada.

La higiene del sueño, concluyó, es un componente esencial del bienestar integral, y su descuido puede tener consecuencias significativas a largo plazo en la salud de las personas.

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