Ariadna Montiel Reyes asumió este 3 de mayo la presidencia nacional de Morena en su VIII Congreso Extraordinario, en sustitución de Luisa María Alcalde, quien se incorpora al gabinete de Sheinbaum como consejera jurídica, en medio de las acusaciones de EU contra Rubén Rocha Moya.

Ariadna Montiel Reyes asumió este domingo 3 de mayo la presidencia nacional de Morena, en un cambio de dirigencia que se formalizó durante el VIII Congreso Nacional Extraordinario del partido. La exsecretaria del Bienestar, quien dejó ese cargo el 27 de abril, toma las riendas del movimiento en un momento políticamente complejo, marcado por las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador sinaloense con licencia, Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Luisa María Alcalde, quien hasta este día encabezaba la dirigencia nacional del partido, deja el cargo para incorporarse al gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum como consejera jurídica. En su intervención de despedida, Alcalde hizo un llamado a la militancia a mantenerse unida en defensa del proyecto de transformación y rechazó cualquier intento de injerencia extranjera en los asuntos internos de México y del partido.
En su discurso inaugural, Montiel Reyes convocó tanto a los militantes como al pueblo de México a mantenerse firmes en el proyecto de nación que representa la Cuarta Transformación. Fue enfática al enviar un mensaje ante las presiones externas: «Ningún gobierno extranjero puede romper la unidad que tiene Morena con el pueblo, porque tenemos raíces profundas y somos leales a nuestros principios de no mentir, no robar y nunca traicionar al pueblo de México».
Alfonso Durazo, presidente del Consejo Nacional de Morena, también tomó la palabra para advertir sobre lo que describió como intentos de potencias extranjeras de imponer su voluntad sobre México, y criticó a quienes dentro del país respaldan las acusaciones estadounidenses contra funcionarios morenistas. Tanto Durazo como Alcalde cerraron filas alrededor de Sheinbaum, subrayando la importancia de mantener la soberanía nacional y la unidad del movimiento frente a las presiones externas. «No cabe un México arrodillado», fue uno de los mensajes centrales de la jornada.