El asesinato de Irma Hernández en Veracruz destapa la estrategia criminal que convierte a taxistas en víctimas del narco: transporte, halconeo y extorsión.

El brutal asesinato de Irma Hernández Cruz, maestra jubilada y taxista, sacudió al país y dejó al descubierto una realidad inquietante: la violencia sistemática que enfrenta el gremio de taxistas a manos del crimen organizado. Irma fue secuestrada el 18 de julio en Álamo Temapache, Veracruz. Seis días después, su cuerpo fue hallado sin vida, tras difundirse un video en el que, rodeada de hombres armados, era obligada a leer un mensaje dirigido a otros trabajadores del volante: pagar las cuotas o “terminar como ella”.
Este caso, según el periodista Óscar Balderas, especialista en seguridad y narcotráfico, no es un hecho aislado, sino un reflejo de una estrategia criminal replicada en todo el país. Taxistas en regiones como Veracruz, Coahuila, Tamaulipas o Guanajuato se han convertido en piezas clave para los cárteles, atrapados entre la precariedad económica y el control asfixiante de grupos delincuenciales.
¿Por qué los taxistas son un objetivo prioritario?
Balderas explica que la lógica criminal instaurada por Los Zetas hace más de una década sigue vigente: cooptar a los taxistas asegura tres beneficios estratégicos para las organizaciones delictivas:
- Transporte de droga: los taxis son ideales para mover estupefacientes sin levantar sospechas, gracias a su movilidad y apariencia cotidiana.
- Halconeo: los conductores se convierten en informantes involuntarios, alertando sobre operativos, movimientos de rivales y actividades sospechosas.
- Extorsión: el cobro del “derecho de piso” es una fuente constante de ingresos para los grupos criminales. En muchas regiones, los taxistas pagan cuotas a más de una organización al mismo tiempo, quedando sin margen de ganancia.
Negarse a colaborar o incumplir pagos puede significar la muerte. “Irma no tuvo ni siquiera la posibilidad de decir que no”, señala Balderas, subrayando que en estos territorios, negarse es un privilegio.
El caso ocurre en medio de una guerra silenciosa en el norte de Veracruz, donde células derivadas del Cártel del Golfo, Los Zetas y escisiones del Cártel Jalisco Nueva Generación, como Los Piñas, se disputan el control del territorio. Una pugna poco visible en la agenda nacional, pero que deja cientos de muertos, desaparecidos y un impacto devastador en sectores vulnerables como los taxistas y pequeños comerciantes.
Este crimen reabre el debate sobre la desprotección del transporte público en México y la urgencia de políticas que garanticen seguridad en regiones dominadas por el crimen organizado. Mientras tanto, la historia de Irma se suma a la larga lista de víctimas que pagaron con su vida el precio de un sistema sin freno.