La exembajadora de EU Roberta Jacobson reveló que el indiciamiento de Rocha Moya debe leerse en el contexto de las próximas negociaciones del T-MEC, y advirtió que demasiada presión de Washington sobre México solo empeorará la relación bilateral.

En un momento que la propia Roberta Jacobson, exembajadora de Estados Unidos en México y exsubsecretaria para América Latina del Departamento de Estado, calificó como sin precedente, la veterana diplomática analizó este domingo en N+ las implicaciones del indiciamiento del gobernador sinaloense con licencia, Rubén Rocha Moya, por presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa, y dejó una lectura que va mucho más allá del ámbito jurídico.
«Es un nivel distinto que en el pasado», afirmó Jacobson al ser cuestionada sobre el hecho de que, a diferencia de casos anteriores que involucraban a exfuncionarios, en esta ocasión se trata de un titular en ejercicio. Pero fue su siguiente señalamiento el que detonó mayor atención: advirtió que todo lo que Washington busque obtener de México en este momento debe interpretarse dentro del contexto de las próximas negociaciones formales del T-MEC, cuya revisión está a punto de arrancar. «El gobierno quiere usar esto para presionar a México en áreas dentro del Tratado y afuera», dijo sin rodeos.
Ante la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha exigido pruebas contundentes antes de actuar, Jacobson explicó que para una solicitud de extradición, Estados Unidos no necesita presentar evidencia suficiente para una condena desde el inicio, pero sí debe entregar elementos muy explícitos que demuestren que el caso ya pasó por un gran jurado hacia un juicio formal. La pregunta que dejó flotando fue más política que jurídica: qué ocurriría si esa evidencia nunca se hace pública ni se transparenta.
La exembajadora también abordó uno de los dilemas más complejos de la crisis: la línea entre una presión externa que fortalece el orden institucional y una que lo debilita. Su postura fue cautelosa pero clara: demasiada presión, o acciones que el pueblo mexicano no pueda aceptar, no van a prosperar y solo deteriorarán la relación bilateral. Subrayó que pese a las tensiones en los niveles más altos de ambos gobiernos, la cooperación operativa y técnica entre agencias continúa y ambos países quieren que así siga. «Ninguno de los países puede hacerlo solo. Los cárteles son un problema no solo binacional, sino global», enfatizó.
El caso Rocha Moya llega además en medio del episodio aún sin resolver de la participación de agentes de la CIA en un operativo antidrogas en Chihuahua sin conocimiento del gobierno federal mexicano. Para Jacobson, el reto actual es encontrar un esquema de cooperación que proteja la soberanía de cada nación sin sacrificar los resultados que ambos pueblos necesitan, un equilibrio que, en este momento, parece más frágil que nunca.