Con matachines, rezos y una caravana por la paz, comunidades de la Sierra Tarahumara conmemoraron el tercer aniversario luctuoso de los jesuitas Joaquín y Javier.

La Sierra Tarahumara vivió este jueves una emotiva jornada de memoria, espiritualidad y exigencia de paz al cumplirse tres años del asesinato de los sacerdotes jesuitas Joaquín Mora y Javier Campos, en Cerocahui, Chihuahua. Desde temprana hora, integrantes de la Comunidad Jesuita en México, feligreses, familiares y habitantes de distintas regiones se reunieron para participar en las actividades conmemorativas organizadas por la Parroquia de San Francisco Javier.
La jornada comenzó en el punto conocido como “Las Cruces”, en la comunidad de Pitorreal, donde fueron encontrados los cuerpos de los sacerdotes y de un guía turístico, tercera víctima de ese trágico día. Allí arrancó la tradicional Caravana por la Paz, una procesión motorizada que se ha vuelto símbolo del reclamo colectivo por justicia y reconciliación. El recorrido incluyó paradas en San Rafael, Bahuichivo y una ermita cercana a Cerocahui, donde las comunidades rendían homenaje a los religiosos mediante rezos, cantos y la danza ritual de los matachines.
Camionetas adornadas con banderas blancas, mensajes de paz y globos recorrieron los caminos de terracería de la región, escoltadas por el fervor popular y la devoción de cientos de personas que, año con año, reafirman su compromiso con la memoria de los jesuitas. “Es una caravana que se ha convertido en una fiesta por la paz”, explicó el padre Javier Ávila, uno de los principales organizadores del acto conmemorativo.
La jornada continuó con el rezo del Santo Rosario programado para las 8:00 de la noche, seguido por una velación que se extendería durante toda la madrugada hasta el amanecer del viernes 20 de junio, fecha central del aniversario luctuoso. Para ese día se contempla una misa solemne a las 8:00 de la mañana, seguida de la bendición de un oratorio conmemorativo erigido en honor a los padres Joaquín, Javier y también al padre Lara, quien ha prestado servicio pastoral en la región por varios años.
Posteriormente, se inaugurará el Museo de la Memoria a las 10:00 de la mañana, un espacio destinado a preservar el legado y recordar el sacrificio de los religiosos asesinados. En punto de las 3:00 de la tarde, las campanas de la Parroquia de San Francisco Javier resonarán como señal de luto, un gesto solemne que cada año une simbólicamente a los pueblos de la Tarahumara.
La conmemoración culminará con una comida comunitaria, espacio de encuentro donde los participantes comparten alimentos, palabras y consuelo. “Después de la misa y la bendición, comemos juntos y cada quien regresa a su casa”, detalló el padre Ávila.
Este acto de memoria no sólo honra a quienes entregaron su vida al servicio de los más vulnerables, sino que también reafirma el compromiso de la comunidad jesuita y del pueblo rarámuri con la justicia, la paz y la dignidad humana.