EE.UU. y México intensifican lucha contra el gusano barrenador que amenaza al ganado

México y EE.UU. refuerzan acciones contra el gusano barrenador, parásito letal que afecta ganado, fauna y personas. Producirán moscas estériles y desarrollan nuevas técnicas para frenar su propagación.

México

Estados Unidos y México han intensificado de forma significativa sus acciones para combatir la amenaza del gusano barrenador, un parásito que se alimenta de tejido vivo y que pone en riesgo la ganadería, la fauna silvestre y la salud humana. Erradicado en territorio estadounidense desde la década de 1970 gracias a campañas de control biológico, este insecto reapareció como peligro real en 2022, cuando logró atravesar la barrera de contención ubicada en Panamá. Desde entonces, se ha propagado por varios países de Centroamérica y el sur de México, donde se han confirmado más de 2,700 casos desde noviembre pasado.

El gusano barrenador deposita sus huevos en heridas abiertas de animales o personas; sus larvas consumen carne viva, provocando infecciones graves y potencialmente fatales. La erradicación histórica representaba un ahorro de unos 2,300 millones de dólares anuales para la industria ganadera de EE.UU., por lo que su regreso preocupa seriamente al sector, ya afectado por sequías y altos costos de producción.

La estrategia más efectiva comprobada hasta ahora es la “técnica del insecto estéril”, que consiste en criar moscas del gusano barrenador en laboratorios, someterlas a radiación para esterilizarlas y liberarlas en zonas afectadas. Cuando se aparean con hembras fértiles, impiden la reproducción y reducen la población. Actualmente, Panamá produce unas 100 millones de moscas estériles por semana, mientras que México prevé igualar esa cifra con una planta programada para iniciar operaciones en 2026. No obstante, los expertos señalan que sería necesario producir al menos 500 millones por semana para restablecer la barrera en el Tapón del Darién.

Estados Unidos ha invertido más de 270 millones de dólares en aumentar la producción en Panamá, instalar más puntos de control animal y ampliar la vigilancia con trampas, especialmente en la frontera con Texas. Paralelamente, ambos países exploran alternativas tecnológicas como la edición genética para crear machos que transmitan infertilidad, cebos sintéticos como el “swormlure” que imita el olor de heridas abiertas y se combina con insecticidas con una efectividad estimada del 90%, así como medicamentos como la ivermectina para tratar animales infectados. Sin embargo, muchas de estas técnicas aún están en fase experimental y requieren más estudios para evaluar su impacto ambiental.

La preocupación aumentó tras confirmarse el primer caso humano en México, lo que encendió las alertas sanitarias. Los especialistas insisten en que, además de la tecnología, es fundamental atender de inmediato cualquier herida en animales para prevenir infestaciones. “Será mejor rezar para mantenerla alejada”, advirtió Judy McCullough, ganadera de Wyoming que sufrió las consecuencias del parásito en los años 50.

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