Estados Unidos completó su retiro militar de Irak, poniendo fin a más de dos décadas de presencia y dejando a Bagdad ante nuevos desafíos de seguridad.

Estados Unidos completó este miércoles 30 de septiembre el retiro de sus últimas fuerzas militares de Irak, con lo que concluyó una presencia que comenzó con la invasión de 2003 y que posteriormente se transformó en una misión internacional contra el Estado Islámico.
El retiro representa la segunda salida de tropas estadounidenses del país. La primera ocurrió en 2011, después de la invasión que derrocó al entonces presidente Saddam Hussein en 2003. Tres años más tarde, Estados Unidos regresó para encabezar una coalición internacional contra el grupo yihadista Estado Islámico, que había tomado amplias zonas de Irak y Siria.
La salida actual estaba contemplada en un acuerdo alcanzado en 2024 entre Washington y Bagdad durante la administración del entonces presidente Joe Biden. El calendario establecía el 30 de septiembre de 2026 como fecha para concluir la presencia militar de la coalición en Irak, proceso que finalmente fue ejecutado durante la administración de Donald Trump.
El Comando Central de Estados Unidos confirmó que las fuerzas estadounidenses completaron una retirada ordenada de Irak. La conclusión de la misión pone fin a la Operación Resolución Inherente, nombre oficial de la campaña militar internacional contra el Estado Islámico.
Durante los últimos años, alrededor de 2 mil 500 militares estadounidenses habían permanecido en Irak como parte de esa misión. Aunque el Estado Islámico perdió el control territorial que llegó a ejercer en el país, Estados Unidos mantuvo personal para apoyar a las fuerzas iraquíes mediante entrenamiento, asesoría e inteligencia.
El retiro ocurre en un momento especialmente complejo para Irak debido a las tensiones regionales y a la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. La salida estadounidense también modifica el equilibrio de seguridad de un país que mantiene vínculos importantes tanto con Washington como con Teherán.
Para algunos sectores iraquíes, el retiro representa el cierre de una etapa marcada por la presencia de tropas extranjeras. Sin embargo, otros expresan preocupación ante la posibilidad de que aumente la influencia de grupos armados respaldados por Irán o de que células del Estado Islámico puedan aprovechar cualquier debilitamiento de las capacidades de seguridad.
Reuters reportó que algunos iraquíes recibieron la salida estadounidense con sentimientos encontrados: satisfacción por el fin de la presencia militar extranjera, pero también preocupación por la capacidad del Estado para mantener la seguridad sin el respaldo directo de la coalición.
El gobierno iraquí tendrá ahora una mayor responsabilidad para enfrentar a los grupos armados que operan dentro del país. Diversas milicias chiitas vinculadas con Irán adquirieron una mayor relevancia durante la lucha contra el Estado Islámico y posteriormente desarrollaron también una importante presencia política.
El primer ministro iraquí, Ali Faleh al-Zaidi, ha planteado que las armas y las decisiones de seguridad deben quedar bajo control del Estado. El gobierno ha establecido como objetivo avanzar hacia el desarme o integración de los grupos armados fuera de las estructuras estatales durante 2027, aunque algunas de las milicias más poderosas se han resistido a entregar su armamento.
La situación representa uno de los principales retos para Bagdad. Durante años, las milicias respaldadas por Irán han tenido capacidad militar y presencia política, mientras que Estados Unidos ha utilizado su presencia en Irak como parte de su estrategia para combatir al Estado Islámico y contener amenazas regionales.
La retirada también genera inquietud en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Erbil fue la sede de la última base de la coalición que permaneció activa en el país y representa uno de los principales puntos de cooperación entre las autoridades kurdas y Estados Unidos.
Funcionarios y analistas han advertido que la reducción de la presencia estadounidense podría dejar mayores necesidades de defensa, particularmente ante los ataques con drones y misiles registrados en la región durante el actual periodo de tensión con Irán.
A pesar del fin de la misión militar, la relación entre Washington y Bagdad no termina. Estados Unidos ha señalado que continuará la cooperación bilateral en materia de seguridad, incluida la capacitación y el intercambio de inteligencia, aunque bajo un esquema diferente al de la coalición internacional contra el Estado Islámico.
La salida militar tampoco significa que Estados Unidos haya perdido toda influencia sobre Irak. Washington mantiene relaciones diplomáticas, económicas y de seguridad con Bagdad. Además, el sistema financiero mediante el cual Irak administra sus ingresos petroleros mantiene una importante conexión con instituciones estadounidenses, lo que conserva un componente de influencia económica de Washington.
El retiro cierra así una etapa militar iniciada con la invasión de 2003, pero abre otra en la que el gobierno iraquí tendrá que asumir mayores responsabilidades sobre su seguridad mientras intenta equilibrar sus relaciones con Estados Unidos, Irán y otros actores regionales.
La principal incógnita será la capacidad de Bagdad para mantener el control de su territorio y de sus instituciones de seguridad frente a las milicias armadas y las amenazas remanentes del Estado Islámico, en un contexto regional marcado por la confrontación entre Washington y Teherán. Expertos citados por Reuters consideran que ambos factores serán determinantes para el escenario de seguridad posterior al retiro estadounidense.
