Los Legionarios de Cristo respondieron al documental “El lobo de Dios”, admitiendo errores históricos, reiterando perdón a las víctimas de Marcial Maciel y cuestionando el uso de imágenes sin consentimiento.

El estreno del documental “Marcial Maciel: El lobo de Dios” reavivó el debate sobre los abusos del fundador de los Legionarios de Cristo y provocó una reacción inmediata de la congregación.
En un comunicado, los Legionarios expresaron su “profunda solidaridad y cercanía” con las víctimas, reconociendo el “inmenso dolor y la gravedad de las heridas” provocadas por Maciel. Subrayaron su compromiso de escuchar, acompañar y reparar el daño causado, así como de mantener protocolos de prevención implementados desde hace más de 15 años.
La organización admitió nuevamente los errores históricos en el manejo de las denuncias, entre ellos la incapacidad inicial de creer en las víctimas, el prolongado silencio institucional y los titubeos al comunicar información a sus miembros y al público. Reconocieron además la valentía de quienes denunciaron los abusos desde los años cincuenta, retractándose de los juicios negativos hacia ellos y calificando sus denuncias como “proféticas”.
El documento recordó que la Santa Sede sancionó a Maciel en 2006 y que en 2014 el Capítulo General estableció que el sacerdote no puede ser considerado modelo de santidad. En 2020, el papa Francisco reiteró que su conducta delictiva impide que sea referente dentro de la congregación.
Sobre el documental, los Legionarios aseguraron que aceptaron participar en entrevistas “en un gesto de responsabilidad y transparencia”, aunque manifestaron su inconformidad por el uso de imágenes sin autorización, incluyendo material de menores de edad y exmiembros.
El caso de Marcial Maciel, señalado por al menos 60 víctimas directas y 175 casos documentados de abusos en la congregación entre 1940 y 2008, se ha convertido en un símbolo del abuso sistémico y el silencio institucional dentro de estructuras religiosas. La docuserie pone en primer plano las secuelas personales y colectivas, así como la red de poder que permitió a Maciel operar con impunidad durante décadas.