Dick Cheney, exvicepresidente de Estados Unidos y figura central en la guerra contra el terrorismo durante el gobierno de George W. Bush, murió a los 84 años por complicaciones cardíacas.

El exvicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney, considerado uno de los políticos más influyentes y controvertidos de la era moderna estadounidense, murió a los 84 años debido a complicaciones derivadas de una neumonía y una enfermedad cardiovascular, informó su familia en un comunicado.
“Su amada esposa Lynne, con quien compartió 61 años de matrimonio, sus hijas Liz y Mary, y otros familiares lo acompañaron en sus últimos momentos”, expresó la familia Cheney.
El comunicado destacó tanto su trayectoria política como su faceta personal:
“Durante décadas, Dick Cheney sirvió a nuestra nación, desempeñando cargos como secretario general de la Casa Blanca, congresista por Wyoming, secretario de Defensa y vicepresidente de Estados Unidos. Fue un gran hombre que inculcó a sus hijos y nietos el amor por el país, la valentía y la bondad”.
Cheney fue vicepresidente entre 2001 y 2009 durante los dos mandatos del presidente George W. Bush, periodo marcado por los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la posterior “guerra contra el terrorismo”, estrategia que él ayudó a diseñar y que condujo a la invasión de Iraq, basada en informes falsos sobre la existencia de armas de destrucción masiva.
El poder tras el trono
Conocido por su carácter reservado, su firme ideología conservadora y su habilidad estratégica, Cheney se ganó la reputación de ser “el vicepresidente más poderoso de la historia moderna”, influyendo profundamente en las decisiones de seguridad nacional y política exterior del gobierno de Bush.
Aunque las caricaturas políticas solían retratarlo como el “verdadero presidente” que movía los hilos del poder, Cheney ejercía una influencia real entre bastidores, aprovechando su amplia experiencia en la Casa Blanca y el Pentágono.
Antes de llegar a la vicepresidencia, fue congresista por Wyoming, secretario de Defensa bajo George H. W. Bush, y jefe de gabinete de la Casa Blanca durante la administración de Gerald Ford. En el ámbito privado, dirigió la poderosa corporación energética Halliburton, lo que también generó críticas sobre posibles conflictos de interés durante su mandato.
Un conservador enfrentado a su propio partido
En los últimos años de su vida, Cheney —quien durante décadas representó el núcleo del conservadurismo republicano tradicional— se convirtió en un crítico abierto de Donald Trump. Lo calificó de “cobarde” y lo señaló como “la mayor amenaza que ha enfrentado la república estadounidense”.
Esa postura lo llevó a quedar marginado dentro del nuevo Partido Republicano, dominado por el populismo trumpista. En un gesto simbólico que reflejó su desencanto, votó por la demócrata Kamala Harris en las elecciones de 2024, según confirmó su entorno.
Salud frágil y vida longeva
Cheney padeció problemas cardíacos durante gran parte de su vida adulta, sobreviviendo a varios infartos. En 2012 fue sometido a un trasplante de corazón, que él mismo describió como “el regalo de la vida misma” en una entrevista de 2014.
A pesar de su salud, mantuvo una vida activa y productiva, participando ocasionalmente en eventos políticos y colaborando con su hija Liz Cheney, excongresista y también crítica del expresidente Trump.
Un legado complejo
La figura de Dick Cheney divide a historiadores y analistas. Para algunos, fue un defensor inquebrantable de la seguridad nacional y el poder ejecutivo; para otros, un símbolo de los excesos del intervencionismo estadounidense, cuyo legado incluye la prolongada guerra de Iraq, la prisión de Guantánamo y la política de interrogatorios “mejorados” que muchos consideraron tortura.
Su familia, en su comunicado de despedida, destacó una faceta más íntima y humana:
“Nos sentimos inmensamente afortunados de haber amado y sido amados por este noble e imponente hombre”, afirmaron.
Cheney deja atrás más de cinco décadas de servicio público, una influencia indeleble en la política exterior estadounidense y un debate abierto sobre las decisiones que definieron el rumbo del país en el siglo XXI.