Habitantes de Santa Mónica denuncian ruido, pitidos y luces constantes por parte de los vehículos autónomos de Waymo. El debate crece: ¿pueden convivir las personas y la inteligencia artificial?

En Santa Mónica, California, la llegada de robotaxis de Waymo, empresa subsidiaria de Alphabet, ha encendido un conflicto urbano inesperado. Si bien estas unidades autónomas representan un avance tecnológico notable, también se han convertido en fuente de ruido, incomodidad y tensión para los residentes.
Cada noche, un grupo autodenominado los “apiladores” obstaculiza deliberadamente la circulación de los Waymo. Su objetivo es detener los vehículos que, al no poder ingresar a las zonas de carga, se “apilan” en los callejones cercanos al centro de Santa Mónica. “Solo queremos dormir tranquilos”, dice uno de ellos. Los pitidos de reversa, las luces intermitentes y el ruido de las labores de carga han causado trastornos en la comunidad, provocando incluso episodios de ansiedad y “pitidos fantasma” entre los vecinos.
Waymo ha implementado medidas paliativas: aspiradoras más silenciosas, bambú para aislar el sonido, reducción de velocidad en zonas residenciales y limitaciones nocturnas en los lotes más conflictivos. Sin embargo, para muchos, como la vecina Nancy Taylor, los esfuerzos son insuficientes: “Ahora duermo con ruido blanco y cortinas opacas, pero anoche fue peor”.
¿Quién regula la tecnología?
El problema subraya un dilema legal: ¿quién regula los avances tecnológicos como los vehículos autónomos? Según las autoridades locales, Santa Mónica no tiene jurisdicción para intervenir directamente, ya que los servicios de robotaxis están regulados únicamente por la Comisión de Servicios Públicos de California y el Departamento de Vehículos Motorizados (DMV).
Además, algunos residentes cuestionan la obligación de que los robotaxis emitan pitidos de reversa, una medida federal pensada para camiones pesados, no para vehículos con sensores de 360 grados. “Si los Waymo pueden ver en todas direcciones y están programados para no atropellar a nadie, ¿por qué siguen pitando?”, se pregunta un residente.
El choque entre humanos y máquinas
El conflicto también ha dado pie a debates más profundos sobre la convivencia entre humanos y tecnologías de inteligencia artificial. “Esto es apenas la punta del iceberg”, advierte Hamid Ekbia, académico de la Universidad de Syracuse, quien considera urgente que el público participe en la conversación sobre la regulación de estas herramientas antes de que se masifiquen sin control.
Otro aspecto preocupante es la falta de consulta pública. Los vecinos aseguran que Waymo nunca informó adecuadamente la puesta en operación de sus bases en la zona. “Ni siquiera hubo reunión de ayuntamiento”, reclama Taylor. Ante la falta de respuestas, surgieron los “apiladores” como protesta ciudadana, no violenta, pero firme.
Por ahora, las únicas sanciones posibles contra Waymo son multas de estacionamiento, ya que los robots, al no ser personas, no pueden recibir infracciones de tránsito bajo la ley actual de California. Pero un proyecto de ley busca que las empresas propietarias se hagan responsables económicamente por sus vehículos.
¿A qué costo el progreso?
Para muchos, la tecnología es bienvenida. Pero, como dice el músico Grayson Small, “si eso va en detrimento de la humanidad, de la felicidad, ¿vale realmente la pena?”. Por lo pronto, Santa Mónica sirve como ejemplo vivo del debate más amplio: ¿puede la IA coexistir armónicamente con los ciudadanos?