Diagnóstico crítico: El sector agrícola consume el 90% del agua en Chihuahua

Chihuahua enfrenta una crisis hídrica severa con el 90% del agua destinado al campo y acuíferos sobreexplotados. El colapso del acuífero Los Juncos marca un precedente crítico para la entidad.

Chihuahua reporta que el 90% del agua estatal es consumida por el campo. Analizamos la crisis de los acuíferos sobreexplotados y la sequía estructural.

Chihuahua conmemora el Día Internacional del Agua bajo un diagnóstico profundamente adverso. El estado atraviesa una sequía estructural que ha pasado de ser un fenómeno temporal a una condición permanente, afectando la disponibilidad del recurso en presas y mantos freáticos. Según Mario Mata Carrasco, titular de la Junta Central de Agua y Saneamiento, la distribución del consumo es desproporcionada, pues el sector agrícola absorbe el 90 por ciento del agua extraída, dejando apenas el 10 por ciento para el uso humano.

La situación de las fuentes superficiales es crítica tras años de lluvias insuficientes. Los registros de 2023 y 2024 quedaron muy por debajo de la media histórica, lo que impidió la recarga de los cuerpos de almacenamiento. Actualmente, presas fundamentales como La Boquilla y Las Vírgenes operan apenas al 41 por ciento de su capacidad. Este déficit limita drásticamente la actividad en el Distrito de Riego 005 de Delicias, donde la superficie sembrada se ha reducido a niveles mínimos históricos.

El sustento invisible del estado, sus acuíferos, se encuentra bajo una presión insostenible. El 97 por ciento del agua potable de las ciudades proviene de fuentes subterráneas, pero el estado carece de una medición precisa sobre el volumen real de extracción debido a la existencia de pozos ilegales y la falta de medidores. Los acuíferos que abastecen a las principales zonas urbanas, como Chihuahua, Juárez y Cuauhtémoc, presentan signos evidentes de sobreexplotación.

Un caso que sirve de advertencia global es el del acuífero Los Juncos. Este sistema ya se agotó por completo, lo que provocó la migración total de su población tras la pérdida del recurso. Aunque es el único colapso documentado, la tendencia en el resto del estado muestra que los pozos deben perforarse cada vez a mayor profundidad, aumentando los costos de extracción y disminuyendo la calidad del agua obtenida.

En el ámbito urbano, el sistema enfrenta el reto de la infraestructura obsoleta. Se estima que entre el 30 y el 35 por ciento del agua extraída se pierde en fugas antes de llegar a los hogares. A pesar de estas deficiencias, las principales ciudades mantienen coberturas superiores al 98 por ciento, aunque esta eficiencia operativa depende de fuentes subterráneas cuyos niveles descienden de manera constante cada año.

Para combatir el desbalance, se han invertido más de 3 mil millones de pesos en la tecnificación de distritos de riego. El objetivo es modernizar los sistemas agrícolas para recuperar volúmenes de agua que puedan ser transferidos al consumo humano. Asimismo, se impulsan proyectos de intercambio de agua tratada por agua de primer uso, buscando disminuir la dependencia absoluta de los pozos y aprovechar mejor los caudales superficiales existentes.

Sin embargo, los expertos advierten que la infraestructura por sí sola no resolverá la crisis si no se mejora la gobernanza. La expansión desordenada de la frontera agrícola y la falta de inspección efectiva en la extracción de agua anulan los ahorros logrados mediante la tecnología. Chihuahua enfrenta así una ecuación que no cierra: se extrae más agua de la que se recarga, mientras el margen de maniobra para evitar un colapso generalizado se reduce día con día.

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