Campos de Chihuahua florecen con cempasúchil rumbo al Día de Muertos🏵️

Productores de Tabalaopa, Chihuahua, ultiman detalles para la cosecha de cempasúchil y crisantemo que adornarán altares y cementerios durante el Día de Muertos.

Campos de Chihuahua florecen con cempasúchil rumbo al Día de Muertos🏵️

Chihuahua, Chih. — El paisaje de Tabalaopa comienza a transformarse con los colores del otoño. Los campos, cubiertos de cempasúchil, crisantemo y mota de obispo, anuncian la llegada del Día de Muertos. A menos de veinte días de la festividad, los floricultores locales afinan los últimos detalles para ofrecer las flores que iluminarán las ofrendas y los panteones.

El cempasúchil, símbolo por excelencia de esta tradición mexicana, tiñe la tierra de tonos naranjas y dorados. Su aroma inconfundible, según la creencia popular, guía a las almas de los difuntos de regreso a casa.

“Parece que sí vamos a llegar, sí hay esperanzas”, dice don Guadalupe García, uno de los productores, mientras examina una flor que apenas se abre. “El año antepasado se quedó toda en botón por la falta de lluvia. Este año llovió más, y eso nos ayudó, aunque también hay que cuidar que no se pudran por el exceso de agua”.

Las lluvias recientes trajeron un respiro al campo chihuahuense: favorecieron el crecimiento de las plantas, aunque obligaron a los floricultores a revisar manualmente las flores dañadas. En los campos de Rafael Callejas, donde trabaja don Guadalupe, las flores se mezclan en un espectáculo de color: el fuego del cempasúchil, el blanco del crisantemo y el púrpura de la mota de obispo.

Los productores ajustan las siembras para que todas las variedades estén listas hacia finales de octubre, justo antes del 2 de noviembre. “Si se abren muy pronto, se marchitan; pero si llegan en estos días, se ponen bien bonitas”, explica el floricultor con una sonrisa esperanzada.

Detrás de cada flor hay una historia de paciencia y herencia. Muchas nacen de semillas guardadas del año anterior o de plantas “hijas” resembradas por los productores. “Mire, esta es la mamá y esta es la hija”, comenta uno de ellos, mostrando cómo el ciclo de vida se repite año tras año.

El precio por manojo rondará los 80 pesos, similar al del año pasado, aunque para muchos el valor principal es mantener viva la tradición. “Esperemos en Dios que ahora sí lleguemos, porque se le ven más ganas a la flor”, dice entre risas un productor, mientras el sol ilumina los pétalos recién abiertos.

Más allá del comercio, en cada surco florece la memoria y el respeto a los que ya no están. Cada pétalo, cada tallo y cada aroma se convierten en una ofrenda anticipada, lista para guiar el camino de los que, según la tradición, regresan al hogar iluminados por el color y el perfume de las flores del campo chihuahuense.

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