Cuentas mulas: así lavan dinero en México usando personas comunes

Las cuentas mulas son utilizadas por el crimen organizado para mover dinero en pequeñas cantidades. Son abiertas por personas reclutadas por necesidad o extorsión, y su uso va en aumento.

En los últimos años, una nueva forma de lavado de dinero ha comenzado a crecer silenciosamente en México: las llamadas “cuentas mulas”. Este esquema consiste en utilizar cuentas bancarias abiertas por personas comunes, muchas veces ajenas al crimen organizado, para mover pequeñas cantidades de dinero de forma constante, dificultando su rastreo por parte de las autoridades.

El modus operandi es sencillo pero efectivo. Las personas involucradas —reclutadas por necesidad económica o bajo amenaza— abren cuentas en diversos bancos y reciben depósitos menores a los mil dólares. Luego, realizan retiros o transferencias utilizando cajeros automáticos distintos cada día, e incluso se desplazan a otras ciudades para completar las operaciones, minimizando así el riesgo de ser detectados.

Este sistema ha ganado popularidad debido al aumento de la vigilancia sobre los flujos financieros internacionales, particularmente desde que la administración del expresidente Donald Trump catalogó a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. Esta presión provocó que los grupos criminales adaptaran sus métodos, recurriendo a ciudadanos sin antecedentes, con identidades reales y difícilmente vinculables al narcotráfico.

Las investigaciones indican que el uso de cuentas mulas ha crecido 4.5 veces en México en los últimos cinco años. Existen dos principales tipos de casos: por un lado, personas víctimas de fraudes digitales, estafas, robo de identidad o ataques de ransomware, y por otro, individuos que prestan voluntariamente sus datos bancarios a cambio de una comisión, sabiendo que se utilizarán para desviar fondos derivados de la venta de drogas.

El reto para las autoridades no sólo está en detectar el flujo del dinero ilícito, sino en identificar a los verdaderos responsables detrás de las operaciones, ya que muchas veces las personas reclutadas también son víctimas de un sistema que aprovecha la vulnerabilidad económica o el miedo.

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